20/1/12

Buscando a Dios...


                “Señor, te necesito”. Estas son las palabras que un cristiano fiel diría a Dios en cualquier momento de dificultad. Pero en muchas ocasiones, los cristianos buscan a Dios como último recurso y no como primero. Este es un problema para el hombre, porque pone a Dios en último lugar en lugar del primer lugar.

Cuando no entregamos a Dios decimos que Jesús pasa a ser el Señor de nuestra vida. Ser Señor significa que a partir de entonces es Él quien manda en nosotros, y ya no mandamos nosotros en nuestra vida. Nosotros entonces tenemos un conflicto interior al tener que elegir constantemente entre lo que nosotros deseamos y lo que el Espíritu, que habita dentro de nosotros, desea, que es la voluntad de Dios.

Voy a poner un ejemplo sencillo. Cuando un hombre es ofendido por otro tiene la posibilidad de perdonarle o de vengarse. Lo que le pide el cuerpo es vengarse, lo que le pide el Espíritu Santo es perdonarle. Si muestra sabiduría y sabe reprimirse, entonces podrá hacer la voluntad de Dios que es perdonarle.

Todos en la vida tenemos constantemente situaciones como esta. Nos vemos obligados a tomar decisiones constantemente que marcan la diferencia entre nuestra voluntad y la voluntad de Dios ¿Cómo podremos tomar siempre la mejor decisión?

TOMANDO A DIOS EN SERIO


            Creo que muchos se toman a Dios como una broma. Es inteligente mirar las consecuencias de las decisiones antes de tomarlas. Podemos intentar averiguar las consecuencias más o menos, aunque no siempre podemos acertar. Pero lo intentamos. Cuando uno se entrega al Señor, tiene que pensar que las decisiones tomadas en función de la voluntad de Dios siempre le van a traer un beneficio. Puede que sea un beneficio en esta tierra, pero puede que sea un beneficio en la otra vida, en el cielo, y la recompensa será mayor. Para pensar eso es necesario tener en cuenta todo asunto tendrá su recompensa en el cielo, y ya no es tanto lo que podamos conseguir ahora, en este momento.  Se trata de hacer una inversión en la otra vida, más que buscar los beneficios rápidos que podamos tener en este momento.

      Cada día más, se busca en la vida el beneficio rápido. Los países, las empresas y hasta las iglesias buscan el beneficio rápido por encima de invertir en asuntos a largo plazo. Para pensar que vamos a recoger fruto en el cielo hay que creer a Dios, hay que creer “a pies juntillas” lo que la Biblia dice.

Si te han educado a pensar en ti mismo, va a ser difícil que pienses en los demás y en vivir ayudando a otros para tener una recompensa en el cielo. Pero resulta que la recompensa del cielo es mucho mejor y más duradera que la recompensa que podamos recibir aquí.

Mateo 6:2-6 dice: “2Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3Pero cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público. 5»Cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público”. La recompensa de este mundo es la valoración de los demás, que te valoran bien, serás reconocido. La recompensa de Dios está en la vida eterna, cuando tendrás allí tu recompensa.

Así que hace falta una buena dosis de fe y cierto espíritu de mártir para confiar en que recibiremos una recompensa allá en el cielo y aquí quedarnos sin nada, con un poco de incomprensión por parte de los demás.

Dios quiere por encima de todo que le sigamos a Él. Es lo que más nos conviene, especialmente a largo plazo. Las prisas, las ansiedades, las presiones y el stress de este mundo es lo que nos obliga a tomar decisiones orientadas a tomar un alivio rápido de la situación y a la postre “quemar” nuestro futuro espiritual.

La única forma de no sucumbir a la presión de las circunstancias es tomarse en serio a Dios. Si no tenemos absolutamente clara nuestra prioridad de hacer la voluntad de Dios y nos decantamos por soluciones más prácticas para el momento, es seguro que no vamos resistir mucho a que venga la presión. Los desobedientes y envidiosos se disfrazan de pragmáticos o prácticos con el fin de olvidarse de la Palabra de Dios y hace lo que más conviene al momento. Estoy pensando en personas que están en el evangelio por tradición o conveniencia, pero no han tenido una verdadera experiencia con Dios que ha marcado su vida, y simplemente actúan conforme a su propio intelecto o su propia conveniencia.

Yo siempre intento respetar las decisiones de la gente cuando prefiere dejar a un lado a Dios y actuar de forma que parece más práctica o más útil para un determinado momento. Se suele decir algo así como “es que no había más remedio”. Siempre hay que respetar la dignidad y las decisiones de otros, aunque tomen decisiones ruinosas para su vida. Una decisión basada en la Palabra de Dios puede incluso traer llanto al principio, pero la recompensa siempre va a ser infinitamente mejor a la larga, y en muchas ocasiones también “a la corta”. El beneficio espiritual merece mucho más la pena que el éxito rápido.

A veces cuesta mucho decir la verdad. Una mentira a tiempo te puede sacar de un aprieto. Una verdad a medias puede librarte de un mal trago, pero al final lo pagarás mucho más caro, entre otras cosas porque “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”.

La importancia de tomarse en serio a Dios es realmente fundamental para la vida del cristiano. Un cristiano comprometido con la Palabra de Dios, con Jesús, siempre va a tener mejores resultado a la larga que el que busca el alivio rápido. Nunca hay que perder el empuje del compromiso con el Señor para guiar nuestra vida y todas nuestras decisiones.

LA PLENITUD DE DIOS


            Vivir a Dios en plenitud es realmente una vida diferente. El cristianismo “light” o cristianismo a medias se pierde las promesas de Dios. Vivir en el Espíritu es una experiencia refrescante y renovadora que te mantiene fuerte hasta en la vejez. Vivir en el Espíritu da valor y sabiduría en esta vida para tratar con todo el mundo. Vivir en Plenitud con Dios es experimentar las promesas y bendiciones de Dios diariamente y… si quieres tener una experiencia realmente motivadora y refrescante prepárate para una vida plagada de bendiciones de parte del Señor que se van a hacer realidad por medio de la fe en el Señor Jesús. Una vida guiada por Espíritu siempre va a tener muchas más recompensas y bendiciones que el que no se quiere comprometer con nada. El mejor consejo que puedo dar es que te rindas a la voluntad de Dios para tu vida y experimentes sus bendiciones en Plenitud para que tengas una vida realmente agradecida y cargada de buenas experiencias por las que darás gracias a Dios eternamente.

            Dios es Espíritu y quiere que vivamos en su Espíritu Santo por medio de la fe en el Señor Jesucristo, en su enseñanza y en su ejemplo dando su vida por los demás sin pedir nada a cambio. Lo que guió a Jesucristo a dar su vida sin pedir nada a cambio es la fe, una fe importante y plena por la que buscaba al Padre cada día y tenía una relación muy estrecha con Él.

            Vivir la vida cristiana en Plenitud trae además una serie de bendiciones que te quitan el desánimo, la depresión, la crítica, el abatimiento, y un montón de cosas que no nos convienen.

En Gálatas 5 dice en concreto que una vida en el Espíritu te evita una serie de perturbaciones por el deseo de la carne. Según la lista de Gálatas 5, en concreto de lo que te aparta es de las inmoralidades sexuales, de las cosas impuras, de los vicios, de todo tipo de idolatría, de todo tipo de brujería, odios, discordias, envidias, enfados, rivalidades, divisiones, partidismos, celos, borracheras, glotonerías y otras cosas parecidas.

            Es mucho mejor obtener el fruto del Espíritu que nace directamente del corazón del Padre y llega hasta tu vida para transformarte en otra persona haciéndote vivir en Plenitud. En Plenitud de gracia, de amor, de perdón, de poder, de gloria eterna, de fe, de bondad, en Plenitud de alegría, de gozo, de paz, de dominio propio. Toda tu vida cambiará en una nueva experiencia divina por una relación plena con Dios, a través de su Espíritu, por la fe en Jesucristo. No hay nada que produzca mejores frutos en tu vida que esto.

PERMANECER EN DIOS


            La vida en Plenitud con Dios requiere permanecer en Él a lo largo del tiempo. Juan 15:7-10 dice: “7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. 9Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.” La palabra clave en este texto es permanecer. No puedes entrar y salir de la presencia de Dios como el que entra a una tienda compra el pan y después se marcha hasta que se le acabe el pan. Lo que quiere más bien Dios es que vivas en la panadería y que tú mismo hagas el pan del que puedes comer e incluso puedas dar a los demás. Sigamos con la metáfora del pan y digamos que Dios busca “panaderos” que coman del “pan de vida” y repartan también a otros. La clave es permanecer. NO es tan difícil permanecer en Dios con una vida en Plenitud porque nosotros lo único que tenemos que hacer es expresar es nuestro deseo sincero a Dios  en firme y ponerse en marcha, y Dios es el que hace el resto del trabajo. Quedó demostrado con la Ley de Moisés que el hombre, por más que se empeñe en guardar una serie de mandamientos, no podrá conseguirlo por sí mismo, y necesita el poder de la gracia para llegar a tener la vida en plenitud que desea tener, pero que la carne no le deja. Cuando nos entregamos a Dios, de todo corazón, tenemos que pensar que va a ser Dios el que no nos va a soltar. Tenemos que mantenernos confiados en Dios (decir despacio) seguir sus indicaciones y dejar que sea Él el que nos saque de los apuros.

Esto es lo que hizo el mismo Señor Jesús al dejar que el Padre le sacara del apuro en el que se metía dejándose juzgar por los judíos y matar por los romanos sin salir corriendo, sin responder, sin hacer nada. Dejó que el Padre hiciera el trabajo y él sufriera por un poco de tiempo para demostrar que el poder de Dios manifestado por la fe no tiene límites, y sus planes son muchos más grandes de lo que podamos imaginar.

Ninguno de los discípulos podía imaginar el plan tan grande que tenía el Padre con la muerte y resurrección de Jesús. Eran planes para ellos también, y también planes para nosotros. Los discípulos no se podían imaginar que iban a ir por diferentes países y continentes llevando el evangelio de Dios a gente que ni siquiera era de su religión, los gentiles. ¿Quién sabe lo que Dios tiene preparado también para ti? Apenas puedes imaginarte las bendiciones que Dios ha planeado para los que se acercan a Él, si lo haces de todo corazón. Dice Juan 14:12-14: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré”.

Piensa en algo inimaginable que Dios pueda hacer por ti. Ahora multiplícalo por diez y entonces entenderás la altura de los planes de Dios. La vida que permanece en el Señor está llena de ilusiones y de buenas metas que se consiguen siempre con la ayuda de Dios. Permanecer en el Señor no es aburrido. Eso es una mentira de Satanás, que propagan los cristianos que viven el evangelio a medias. Permanecer en el Señor es ilusionante. Dice el Salmo 92:4: “Cuan grandes son tus obras Señor, muy profundos son tus pensamientos”, “Cuan preciosos me son tus pensamientos, oh Dios, cuan grande es la suma de ellos” (Salmo 139:17).

Y finalmente dice Isaías 55:9: “9«Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Ya conoces cómo tener una vida en Plenitud con el Señor. Tomándose a Dios en Serio y permanecer el Él. La pregunta es si quieres de verdad hacerlo. Muchos son los llamados pero pocos los escogidos. Y tampoco tienes todo el tiempo del mundo para decidirte, porque Dios puede cambiar las circunstancias en cualquier momento y no sabemos cuándo nos va a llamar a su presencia. Dice el Salmo 37:5: “5Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará.”. NO demores más tu decisión de lanzarte plenamente en Él y hazlo ahora mismo.

Oración: Padre, gracias por traernos tu Palabra y mostrarnos un camino mejor. Queremos dejar todo en tus manos y que seas tú quien nos guíe a servirte siempre de todo corazón, en plenitud. Queremos servirte y honrarte, en el nombre de Jesús. Amén.

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