13/1/12

Cómo empezar bien el año

Hemos pasado la fiesta de los Reyes Magos. Es una de mis fiestas favoritas, porque es bíblica, por los regalos y por los niños. Se dan buenos regalos a los hijos.

 Es una buena forma de empezar bien el año, recibiendo regalos, y dando los. Hoy os quiero dar unas claves importantes para empezar bien el año a parte de los regalos.

En el libro de Jueces 2:11-23 dice básicamente que el pueblo de Israel se olvidaba de Dios y hacía lo que quería, adoraba a otros dioses como Baal o Astarot y no hacía ningún caso a los Jueces que Dios enviaba. Aún así, mientras vivía el Juez, Dios tenía misericordia del pueblo de Israel, pero cuando el Juez moría, la ira de Dios venía sobre el pueblo de Israel.

 Así que la, solución para lograr la protección y bendición de Dios hubiese sido hacer estas tres cosas:

1.    No te olvides de Dios.
2.    Haz caso al Juez.
3.    Quema los ídolos.


1. NO TE OLVIDES DE DIOS

Obedecer a Dios siempre es una prioridad. Debe ser nuestra primera y única opción. No hay que sucumbir a los deseos de la carne, al deseo de hacer lo que nos apetece y olvidar a Dios. Cosecharemos un triunfo si obedecemos a Dios, tanto a nivel individual, como a novel colectivo.

Si no obedeces a Dios viene el castigo. Israel fue castigado muchas veces por su desobediencia ¿Acaso no hemos recibido también nosotros el castigo de Dios cuando lo hemos merecido? Obedeced a Dios y seréis librados.


2. HAZ CASO AL JUEZ

Dios nos ha puesto Jueces o autoridades espirituales para que nos vaya bien. Si no haces caso al Juez, te puede poner en la cárcel, pero peor que ir a la cárcel es el castigo de Dios.

Aunque Dios tenga misericordia de ti por un tiempo por causa del Juez, al final el castigo puede ser mayor si eres rebelde. Después de ser castigado, si aún sigues en ti actitud, lo que viene es la ira de Dios. La ira de Dios es peor que el castigo. El castigo es una pena medida por un determinado tiempo. La ira es no dejar títere con cabeza y por tiempo indefinido.

Incluso algunos desaprensivos le echaban la culpa al Juez, de sus problemas. ¡Qué irónico! La misericordia de Dios sobre el pueblo venía por el Juez, y ellos le echaban la culpa a El, y no le hacían caso.

Todos los Jueces que llegaron a Israel eran para ayudar al pueblo, pero el pueblo prefirió seguir a los ídolos de la rebeldía y el orgullo, antes que seguir al Juez. Querían tener su propia vida y pensaban que no les hacía falta el Juez.

Obedecer no siempre es fácil:

A veces no entiendes lo que haces. Puede ser que sea algo difícil de creer, pero el Juez ha sido puesto por Dios, y sabe muy bien lo que hace. El Juez obedece a Dios y tú debes hacer caso al Juez, aunque al principio no lo entiendas.

A veces es costoso: la libertad que Dios nos ha dado, sumado a nuestra tendencia a la comodidad, hace que no nos haga ninguna gracia hacer caso al Juez cuando nos pide algo costoso. Pero el problema sigue sin estar en el Juez, el problema está en la tendencia a la comodidad. La pérdida de privilegios levanta ampollas. Pero el problema está en tu comodidad. El Juez solo obedece a Dios.

A veces requiere mucha humildad: si no tienes humildad, no esperes ser recompensado por Dios. Dice el Salmo 147:6: "Jehová exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra". Hacer caso a lo que dice el Juez te dice traerá tu recompensa, aunque pierdas tus privilegios. Pero hay que hacer caso de corazón. Obedecer sin amor de nada sirve.


3. QUEMA LOS ÍDOLOS

El pueblo de Israel caía una y otra vez en los mismos errores. Nunca aprendía la lección. Seguía teniendo los ídolos en sus casas, los adoraban, los amaban, les daban ofrendas sin merecerlas, los mimaban a pesar de su infamia, y todo lo que hacían era por y para ellos.

Todo lo que va delante de Dios es un ídolo. Si al ídolo lo amas más que a Dios, eres un idólatra.

¿Qué puede haber en tu vida que va por delante de Dios? Piensa en ello. Quizás piensas que los ídolos en este tiempo es el dinero, el orgullo, la crítica, el egoísmo,... Pero yo creo que estos no son vuestros ídolos. No creo de ningún modo que améis a estas cosas mas que a Dios. Os voy a decir lo que yo creo que son vuestros ídolos, no para que te ofendas, sino para que medites en ello serenamente, por si acaso puedo tener un poco de razón.

Vuestros ídolos en este tiempo son vuestros hijos. Pero también puede ser otra persona que tú pongas en tu vida por delante de Dios, puede ser un novio, un cónyuge, un amigo, ...

Os lo explicaré. No se trata de quemar a los hijos o a las otras personas que idolatramos, sino convertirlos en verdaderas personas como nosotros, no en ídolos. Profundicemos un poco en el tema de los hijos, aunque puede ser aplicado a cualquier otra persona a la que idolatres:

Si, aparte de sostener a los hijos, les ofrendáis más que a Dios, Si sois capaces de desobedecer a Dios con tal de agradarles, si están tan mimados que ya no hacen caso a Dios, sino a sí mismos, entonces, los ídolos están afectando negativamente a vuestra fe. Si te enfrentas con la iglesia con tal de defender a tu hijo, aunque no tenga razón, entonces tienes un problema.

A veces la gente no va a la iglesia porque tiene a los hijos a comer en casa. Está bien amar a los hijos, pero no hay que ponerlos por delante de Dios. No te pelees nunca con un hermano en la fe por causa de un hijo.

Si eres capaz de pecar por causa de un hijo, entonces tu hijo es tu ídolo.

Hay una película que se llama "Esta casa era una ruina", en la que un niño que es un artista tiene a su madre de esclava, vestida de criada con cofia y la tiene trabajando para él todo el día, respondiendo a sus caprichos. La madre le ríe todas las gracias aunque la la trate fatal.

A los hijos hay que corregirles con suavidad o con dureza, mejor con suavidad, pero hay que corregirles.

Si por un hijo lo das todo, tu vida, tu dinero tu tiempo, tu esfuerzo, pero por Dios no. Tú ya tienes la respuesta.

Tienes que querer a tus hijos, pero no puedes ponerlos en el altar de tu vida. Sé que la línea que divide el amor a los hijos de la adoración es difusa. No es fácil distinguirla, pero hay un abismo según estés a un lado o a otro de la línea. Puedes amar a los hijos, pero no puedes adorarlos. La adoración es solo para Dios. Tú ya lo sabes.

En el mismo momento de hacer esta predicación, uno de mis hijos me pidió que fuera, y yo pensé. ¿Me pasa a mí lo mismo?

A veces se suele idolatrar a uno de los hijos solamente. Puede que críes bien a un hijo y  que otro sea tu debilidad y le idolatres. Esto es todavía peor. A los hijos hay que amarlos por igual, como Dios nos ama a todos por igual.

Algunos ponen como excusa la edad de los hijos. Que es muy pequeño o que es muy mayor. Excusas hay muchas. A los hijos pequeños hay que enseñarles a respetar todas las cosas aunque lloren, y a los hijos mayores también se les puede disciplinar de muchas maneras si viven en nuestra casa, o con otros asuntos relacionados con la economía, si viven fuera de casa. Siempre hay que enseñar a los hijos a respetar a las personas y a Dios, mucho más si se trata de alguien de la iglesia. Una cosa es ayudar económicamente a un hijo en una necesidad, y otra es ofrendarle como a un dios con cosas que no necesitan o no saben apreciar.

 Esto yo no me lo he inventado. Dice Mateo 10:37-38: "el que ama a ... hijo o hija mas que a mí, no es digno de mí".

Alguno puede pensar. Diego, ¿Es que tú no quieres a tus hijos? Les quiero, pero no permito que me aparten de Dios.

Abraham fue el padre de la fe ¿Porqué? Por que demostró que era capaz de matar a su propio hijo con tal de obedecer a Dios. Si somos los verdaderos hijos de Abraham, que tenemos fe, tenemos que ser capaces de obedecer a Dios antes que a los hijos, por el bien de ellos, por el bien de la familia, ama a Dios antes que a los hijos.


CONCLUSIÓN

  Si haces estas tres cosas, no solo te irá bien este año, sino toda tu vida.
  Recuerda:
  1. No olvidarse de Dios.
  2. Hacer caso al Juez.
  3. No dejar que los hijos se conviertan en ídolos.





1 comentario:

  1. Hola,

    Excelente texto. Estaba confundida respecto a los idolos.

    Dios te bendiga.

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