29/2/12

LA SOMBRA DE LA SOSPECHA

Hay una película de Michael Douglas que se llama “La Sombra de la Sospecha”. Te voy a hablar de algo relacionado con ella. Aquí tienes el enlace con el tráiler de 2 minutos por si no conoces nada de ella. http://www.youtube.com/watch?v=J_dB-n8oU9I

En toda película están los buenos y los malos, los guapos y los feos, los honestos y los traidores. Normalmente, el bueno de la película siempre gana y el malo muere. El problema surge cuando el bueno es en realidad malo, y el malo es en realidad bueno, o al menos lo parece.

Cuando tenemos un roce con otra persona, normalmente nosotros somos los buenos, y los otros que nos perjudican son los malos. Pero ¿Y si fuera al revés? Dos no se pelean si uno no quiere. Si hemos tenido una pelea, disensión o confrontación es porque nosotros hemos querido. Si entramos en la pelea, ya hemos perdido. El diablo quiere que nos peleemos, que discutamos, que nos dividamos, para que nos desviemos de nuestro objetivo, que es extender el Reino de Dios en nuestra vida y nuestro entorno.

Cuando te haces consciente de que al discutir con otro te haces tú el malo, y te arrepientes de haberte peleado, entonces te vuelves a convertir en el "bueno y guapo" de la película (como Michael Douglas) porque Dios está de tu parte. Perdón por el jeroglífico.

Así sigue la secuencia:
1.       Nos creemos que somos buenos.
2.      Nos peleamos.
3.      Tomamos consciencia de que somos los malos por pelearnos.
4.      Pedimos perdón
5.      Dios nos perdona
6.      Volvemos a ser los buenos, pero esta vez de verdad.

No podemos vivir en constante sospecha si somos buenos o malos, a un lado u otro de la línea, con constante sentimiento de culpa. Estamos con Dios y Dios está de nuestra parte. Si caemos, pedimos perdón y nos levantamos. Punto y final. A trabajar en la obra de Dios. ¡¡¡Vamos!!!

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4.13

28/2/12

EL AMANECER DEL ALMA

"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios... y con acción de gracias" Filipenses 4:6

Los malos momentos nos afectan demasiado. Hay almas heridas por el mundo que están realmente destrozadas por hechos traumáticos que afectan negativamente al transcurrir diario de la persona. Sabemos que las heridas del alma son las peores. Sí..., mucho peores que las heridas físicas, de las que a veces nos sentimos incluso orgullosos como los veteranos de guerra. Muchos preferirían tener una pierna rota a sufrir el trato vejatorio de un familiar durante años que acaba con su autoestima y termina destrozando toda su vida. Esta situación es demasiado frecuente como para obviarlo.

La vida no puede desarrollarse si no es con un mínimo de paz y solidez en el corazón. Vivimos en un tiempo en que el odio se multiplica por el contagio de las palabras hirientes. No hay más que leer la agresividad verbal con el que se habla en la calle, en los medios de comunicación, en las tertulias, en los parlamentos o en las películas. Todo esto afecta al estado emocional y millones de personas sufren las consecuencias.

Por otro lado, todos necesitamos a alguien con quien compartir nuestros asuntos y nuestros sentimientos. Lo peor es callarse las preocupaciones y sufrirlas solo. Eso trae enfermedades. La soledad es un sentimiento del que muchos intentan escapar desesperadeamente llamando la atención de los demás, incluso de formas estravagantes, pidiendo ayuda de una forma velada.


Dios se ofrece para que le pidamos lo que necesitamos. Y no me refiero a las cosas materiales (que también), sino a las necesidades del alma que son las que más afectan a las personas. Si Dios se ofrece a ayudarnos para que no estemos angustiados por nada, me pregunto por qué no vamos inmediatamente a pedirle ayuda directamente a El, que es el que mejor puede sacarnos de cualquier atolladedro. ¿No será mejor orar ahora mismo para que nos saque de la situación difícil en que nos encontramos? Si Dios está de nuestra parte, no hay por qué rechazar su ayuda. Una apelación directa al Rey tiene muchas ventajas. Dios quiere lo mejor para nosotros. Dios quiere el amanecer del alma, Dios quiere que tengas una vida de paz y tranquilidad llena de gozo interior y plenitud. ¿A qué esperas? Está amaneciendo...
Ah! y no te olvides de ser agradecido con Él.



25/2/12

EL SUEÑO DE TU VIDA

Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.” Génesis 40.8
 
El mérito de José no es que interpretara sueños, sino que supo conseguir el suyo. Llegó a lo más alto del escalafón, a pesar de sus comienzos tan difíciles.


Todos tenemos un sueño. Algunas personas lo tienen escondido, otras lo dicen abiertamente, otras lo han olvidado y otras han desistido de alcanzarlo.
 
Yo tuve un profesor que decía con melancolía que le hubiera gustado aprender inglés y tocar la guitarra como si su vida se hubiera acabado. Lo más gracioso es que tenía poco más de cuarenta años. En realidad, había abandonado su sueño. Alguien se lo robó.

Hay varias películas y novelas que se llaman “el ladrón de sueños”, y suelen ser historias de fantasía en las que el “malo maloso” se dedica a robar las ilusiones a las personas hasta que llega el “superhéroe” y salva al mundo de este espécimen.
 
Los ladrones de sueños son los que no han conseguido nada en la vida. Recuerda: “el que está de vuelta de todo es que no ha ido a ninguna parte”. Yo creo que nadie puede robarte un sueño si tú no se lo permites.

Es bueno comunicar tu sueño a otros, pero no a cualquiera. No eches las perlas a los cerdos porque las pisotearán, se volverán y te despedazarán (Mateo 7.6).

Creo que todo sueño personal se distingue por estas 3 cosas:

1.    Es íntimo y personal. Nace en ti, se desarrolla en ti y se cumple o muere en ti.

2.   Requiere esfuerzo sin límites. Decía la profesora de la serie “Fama” al principio de cada capítulo: “La fama cuesta. Pues ahí es donde vais a empezar a sufrir, con sudor”. Busques fama (espero que no) u otra cosa, hace falta esfuerzo y sacrificio sin límites. Sólo los que están dispuestos a entregarlo todo a cambio de su sueño lo consiguen.

3.   Hay que esperar. No todo se consigue al momento, ni en tres meses. A veces hacen falta años para llegar a ser lo que uno quiere ser. Lo mejor es preguntar a Dios ¿Señor, qué persona quieres que sea? La respuesta la tendrás pronto y empezarás a trabajar con un objetivo preciso.
 
Hace unas semanas mi hijo Santi ha empezado a marcar goles en su equipo de fútbol, el Benissa F.C. Hasta hace poco no hacía nada en los partidos y el entrenador lo tenía esposado al banquillo. El cambio ha sido fulminante. Le pregunté: “Santi ¿Por qué has empezado a marcar goles en todos los partidos?”. El me respondió. “Papi, es que tengo muchas ganas…”. El ha conseguido su pequeño sueño ¿Y tú?
 
¡Ánimo! Tu sueño está cerca…

24/2/12

COMO CAMBIAR DE CARÁCTER

 1.       CAMBIA TUS PENSAMIENTOS
Seré breve. No se puede cambiar de carácter si no se cambia la forma de pensar. Nuestro carácter depende case exclusivamente de nuestro pensamiento. Está claro que no puedes pretender cambiar los resultados sin cambiar los métodos. Mucha gente cambia de comportamiento cuando cambian de país porque cambian de pensamiento debido a las nuevas circunstancias.
 
¿Qué hace cambiar los pensamientos? Por un lado los factores externos. Puede ser cualquier cosa, incluso, y especialmente, el clima. Toda circunstancia nos puede hacer cambiar la forma de pensar. Por otro lado, somos seres racionales que pueden realizar cosas en contra de las condiciones medio-ambientales. Es decir, podemos vencer las circunstancias si verdaderamente queremos vencerlas. Así que la fuerza de voluntad se convierte en un factor importante para cambiar de forma de pensar. Cambias de pensar, si verdaderamente quieres cambiar.

Dice Filipenses 4:8: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

2.      DATE TIEMPO
En tres meses se pueden hacer grandes avances en personas jóvenes. La gente mayor puede que necesite incluso años. No se cambia de carácter de la noche a la mañana. Todo lleva un poco de tiempo y requiere un poco de paciencia y trabajo constante. Los cambios violentos pueden ser nocivos y hay que huir de ellos. Tomarse las cosas con calma y reflexión puede ayudarnos mucho.

3.      CONTROLA LOS CONTRATIEMPOS.
Una cosa es cambiar de carácter un día y otra cambiar permanentemente. Primero hay que conseguirlo, después hay que mantenerlo. Desde luego hay que ser constante en nuestra nueva forma de pensar, pero eso no impide que a lo largo de los años de nuestra vida, podamos sufrir contratiempos que nos puedan hacer volver a nuestra antigua vida en la que no nos gustaba nuestro carácter. La mejor forma de superar los contratiempos es estando prevenidos. Vivimos en un mundo de constantes cambios en el que nada es para toda la vida. Dice un refrán: “dentro de 100 años, todos calvos”.  Hay que vivir alerta porque los cambios o las propuestas de cambio van a venir tarde o temprano. Cuando vengan estaremos preparados, sabremos contrarlos y no nos destruirán. Nos volveremos a levantar y seremos la clase de persona que Dios quiere que seamos.

Habría mucho más que decir, mucho que explicar y mucho que aprender de la Palabra de Dios, pero esto es un blog y el espacio es limitado. Pon en marcha esta semilla de esperanza que hoy te he dejado. Como dice Beni Moreno en Buenas Noticias TV: “Tú vales mucho para Dios”.

23/2/12

5 Formas de Salir del Pozo


Jeremías 33.3: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces

1.       Pedir, pedir y pedir
2.      Esperar la respuesta
3.      Estar abierto a soluciones

1.       Pedir, pedir y pedir
Ya tienes las tres primeras formas. Esto es lo primero y más importante. Es más del 50% de la solución. Pedir es un arte. Conozco a gente que se gana la vida pidiendo. Pedir no es malo. Dios quiere que le pidamos. A las personas también les gusta que les pidan cosas. Tu soledad se acaba cuando alguien te pide algo. Con gusto se lo das por el simple hecho de que te ha hecho compañía y para sentirte útil.
La Biblia es clara en este sentido: “Pedid y se os dará” (Mateo 7:7). Se refiere a Dios, claro. Pero puedes también pedir a las personas. Hay un dicho que dice “el "no" ya lo tienes”. Si no pides está claro que no recibirás. Un dicho bastante diferente, pero no menos cierto es el que dice: “el que no llora no mama”.
Si estás angustiado, desesperado, deprimido o ansioso por alguna circunstancia es lo que tienes que hacer. Es más, creo que pedir en esta circunstancia es especialmente útil. Dios está esperando a que le llevemos las necesidades del corazón que son las más importantes. En primer lugar pídele ayuda a Dios.
2.      Esperar la respuesta
Dice el Salmo 37:7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”. ¿Has visto a algún camarero de pie junto a tu mesa con la mano abierta esperando a que le pagues? Me refiero a algo así. Si ya has suplicado lo suficiente, si has cumplido con tu parte de pedir, ya sólo queda esperar la respuesta afirmativa. Es como una forma de presión, es como otra forma de pedir con lenguaje no verbal. Si pides, pides y pides, pero te vas de la presencia del que te va a dar, has perdido. Espera una respuesta positiva de parte de Dios. Ya que has pedido hasta la extenuación, lo que tienes que hacer ahora es esperar la respuesta positiva. Es fundamental. Ya sé que es incómodo. Los segundos se cuentan por horas en la espera. Pero es un tiempo muy productivo. Esperamos en muchos sitios ¿Por qué no esperar a que Dios nos saque del pozo de la desesperación? Sin duda Él no tardará en contestarnos.


3.      Estar abierto a soluciones
No serías el primero que tienes la solución delante de ti y no te das cuenta. Las posibilidades de respuesta de Dios son infinitas, y todas buenas. No se trata de tomar atajos, se trata de tener la vista abierta a la oportunidad que Dios te da. Tampoco se trata de tomar el primer camino que se nos abre. Esto puede ser engañoso. Pero se trata de estar abierto a la Palabra que Dios tiene para nosotros por que nos va a sacar el pozo de la desesperación. Suyos son todos los recursos. No dudes que el quiere sacarte.

Encomienda a Jehová tu camino,  confía en él; y él hará”. Salmo 37.5

21/2/12

3 PASOS PARA ENCONTRAR SANIDAD


2ª Crónicas 7:14: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Tres pasos fundamentales para encontrar sanidad en nuestro ánimo:

1.       Humillarse
2.      Orar
3.      Perdonar

Cuando las cosas nos van bien tendemos a la auto complacencia y nos olvidamos de Dios. Esta es una historia que se repite demasiado como para negarla. Es entonces cuando Dios nos envía una prueba o un aguijón para que comprobemos nuestra verdadera condición humilde ante Dios y nos volvamos a El. Cuando somos débiles, nos hacemos fuertes en el Señor. El apóstol Pablo, gran misionero, también “mordió el polvo” para comprobar cómo su aguijón le acercaba más a Dios. Nuestra humillación y la alabanza a Dios van unidas de la mano. Se complementan.

Es en medio de nuestra humildad cuando estamos preparados para dar el segundo paso: orar. No como un ritual barato o una cantinela que no pasa del techo, sino como una necesidad fundamental provocada por un corazón sediento que no puede vivir un minuto más sin el refresco de Dios. Hay que pasar por una situación muy difícil en la vida para entender lo que se siente.

Pero “a su amado Dios no tarda en responder”. Nuestra oración es rápidamente contestada y nuestra sed apagada por la respuesta de Dios. Así aprendemos a depender de Dios.

Finalmente, recibimos el perdón de Dios. El perdón y la oración también son dos mitades de una misma fruta que encajan perfectamente y la una necesita a la otra para que ambas tengan sentido. Para orar hay que perdonar, y para perdonar hay que orar, para reblandecer nuestro corazón.

Así, la bendición y sanidad de Dios empieza en la humildad, continúa por la oración, y termina con el perdón. No dudes en atravesar este camino.


16/2/12

NO TE DESPISTES O LA HISTORIA DE JOSUÉ



Son muchas las causas por las que vienen las crisis. Las crisis económicas suelen ser por la avaricia de algunos, como es el caso de la actual. Las crisis familiares suelen ser por la infidelidad de alguno de sus miembros en algún aspecto. Las crisis espirituales suelen ser por alejarse de Dios buscando otras prioridades que terminan siendo nocivas para el alma. Todo tiene un porqué, todo tiene una causa. La falta de carácter para seguir el camino adecuado es lo que produce estos “despistes” que terminan en tragedias.

Las consecuencias suelen ser desastrosas, a corto, medio y largo plazo. Últimamente se huye de la crisis a corto plazo, por el método de los “paños calientes”, pero esto termina desembocando en una crisis mucho mayor a largo plazo. Como decía un pastor maestro en ilustraciones: “No puedes curar con cáncer con una aspirina”. Enterrar un problema no sirve para solucionarlo, sino para que se haga más grande. Es cierto, que siempre es conveniente mojar la pólvora para evitar una explosión. Puedes contener la chispa para evitar que la crisis venga por un momento, pero si no realizas un ataque decidido e intenso a solucionar el problema de fondo, no se va a solucionar. Hay que actuar en varios frentes. A grandes males, grandes remedios. O lo que es lo mismo, “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5.20).

La solución siempre estará en nuestra actitud más que en nuestras capacidades. La actitud de Josué cuando se enfrentó a la conquista de la tierra de Canaán fue decisiva para la victoria. Su carácter vino marcado por las palabras de Dios en Josué 1:9 que muchos conocen de memoria. Básicamente, “esfuérzate y sé valiente”. Lo que Dios premia es la actitud, no los recursos. En todo caso, Dios da recursos al que tiene la actitud correcta. Date un baño de motivación celestial cada día en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

8/2/12

¡Perdóname! No lo volveré a hacer.

La forma de llevarse bien con otros siempre es siendo comprensivos con ellos. Ponerse "en los zapatos del otro" no es un ejercicio que abunde mucho. Cada uno se preocupa de sus propios problemas y soluciones mientras que las relaciones con los demás cada vez son más frías y distantes.
Pero para tener buenas relaciones hay que trabajarlas. No muchos tienen el valor de pedir perdón para solucionar un problema entre dos personas. Pedir perdón nos deja a merced del contrario. Algunos piensan que es una señal de debilidad. Pero es todo lo contrario. Pedir perdón está reservado a los héroes.
Lo mismo podemos decir de perdonar. La gente tiende a decir: "Perdono pero no olvido". Ahí se nota un punto de amargura que destruye a la persona. Sin embargo, el rencor de uno no hace daño al otro. Es más, el otro ni se entera del rencor del uno. El rencor solo hace daño a la persona que lo tiene. Por eso debe sacudírselo y ponerse en manos de Dios, para que sea Él, el que lo cambie por un estado de paz y amor. Tienes 150 salmos en la Biblia para comprobar que los que escribían salmos empezaban angustiados en muchas ocasiones y terminaban el salmo dando gracias y alabando a Dios. Soltar nuestros "asuntos" a Dios es mucho mejor que guardárselos.
No huyas nunca de las personas, a no ser que te hagan daño en el alma. Dice Mateo 10:28: "No temáis a los que matan el cuerpo, pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno".
Si no quieres perdonar a una persona, prueba a orar por el/ella. Si no puedes orar tienes un problema de pecado que puede ser bastante serio. Pero si has podido orar por él/ella estás cerca de perdonar, si es que no lo has hecho ya. Orar por una persona que te hace daño es la forma de ser sanado. Pide para que el Señor le bendiga, le fortalezca, le use, le proteja y le prospere.
La persona justa tiene un poder especial cuando ora. Si estás entre los justos, las cosas te van a ir bien con respecto a tu relación con otras personas."El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4.21)