28/2/12

EL AMANECER DEL ALMA

"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios... y con acción de gracias" Filipenses 4:6

Los malos momentos nos afectan demasiado. Hay almas heridas por el mundo que están realmente destrozadas por hechos traumáticos que afectan negativamente al transcurrir diario de la persona. Sabemos que las heridas del alma son las peores. Sí..., mucho peores que las heridas físicas, de las que a veces nos sentimos incluso orgullosos como los veteranos de guerra. Muchos preferirían tener una pierna rota a sufrir el trato vejatorio de un familiar durante años que acaba con su autoestima y termina destrozando toda su vida. Esta situación es demasiado frecuente como para obviarlo.

La vida no puede desarrollarse si no es con un mínimo de paz y solidez en el corazón. Vivimos en un tiempo en que el odio se multiplica por el contagio de las palabras hirientes. No hay más que leer la agresividad verbal con el que se habla en la calle, en los medios de comunicación, en las tertulias, en los parlamentos o en las películas. Todo esto afecta al estado emocional y millones de personas sufren las consecuencias.

Por otro lado, todos necesitamos a alguien con quien compartir nuestros asuntos y nuestros sentimientos. Lo peor es callarse las preocupaciones y sufrirlas solo. Eso trae enfermedades. La soledad es un sentimiento del que muchos intentan escapar desesperadeamente llamando la atención de los demás, incluso de formas estravagantes, pidiendo ayuda de una forma velada.


Dios se ofrece para que le pidamos lo que necesitamos. Y no me refiero a las cosas materiales (que también), sino a las necesidades del alma que son las que más afectan a las personas. Si Dios se ofrece a ayudarnos para que no estemos angustiados por nada, me pregunto por qué no vamos inmediatamente a pedirle ayuda directamente a El, que es el que mejor puede sacarnos de cualquier atolladedro. ¿No será mejor orar ahora mismo para que nos saque de la situación difícil en que nos encontramos? Si Dios está de nuestra parte, no hay por qué rechazar su ayuda. Una apelación directa al Rey tiene muchas ventajas. Dios quiere lo mejor para nosotros. Dios quiere el amanecer del alma, Dios quiere que tengas una vida de paz y tranquilidad llena de gozo interior y plenitud. ¿A qué esperas? Está amaneciendo...
Ah! y no te olvides de ser agradecido con Él.



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