8/2/12

¡Perdóname! No lo volveré a hacer.

La forma de llevarse bien con otros siempre es siendo comprensivos con ellos. Ponerse "en los zapatos del otro" no es un ejercicio que abunde mucho. Cada uno se preocupa de sus propios problemas y soluciones mientras que las relaciones con los demás cada vez son más frías y distantes.
Pero para tener buenas relaciones hay que trabajarlas. No muchos tienen el valor de pedir perdón para solucionar un problema entre dos personas. Pedir perdón nos deja a merced del contrario. Algunos piensan que es una señal de debilidad. Pero es todo lo contrario. Pedir perdón está reservado a los héroes.
Lo mismo podemos decir de perdonar. La gente tiende a decir: "Perdono pero no olvido". Ahí se nota un punto de amargura que destruye a la persona. Sin embargo, el rencor de uno no hace daño al otro. Es más, el otro ni se entera del rencor del uno. El rencor solo hace daño a la persona que lo tiene. Por eso debe sacudírselo y ponerse en manos de Dios, para que sea Él, el que lo cambie por un estado de paz y amor. Tienes 150 salmos en la Biblia para comprobar que los que escribían salmos empezaban angustiados en muchas ocasiones y terminaban el salmo dando gracias y alabando a Dios. Soltar nuestros "asuntos" a Dios es mucho mejor que guardárselos.
No huyas nunca de las personas, a no ser que te hagan daño en el alma. Dice Mateo 10:28: "No temáis a los que matan el cuerpo, pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno".
Si no quieres perdonar a una persona, prueba a orar por el/ella. Si no puedes orar tienes un problema de pecado que puede ser bastante serio. Pero si has podido orar por él/ella estás cerca de perdonar, si es que no lo has hecho ya. Orar por una persona que te hace daño es la forma de ser sanado. Pide para que el Señor le bendiga, le fortalezca, le use, le proteja y le prospere.
La persona justa tiene un poder especial cuando ora. Si estás entre los justos, las cosas te van a ir bien con respecto a tu relación con otras personas."El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4.21)

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