12/7/12

TENIENDO A DIOS EN TU CORAZÓN

“Señor, te necesito”. Estas son las palabras que un cristiano fiel diría a Dios en cualquier momento de dificultad. Pero en muchas ocasiones, los cristianos buscan a Dios como último recurso y no como primero. Este es un problema para el hombre, porque pone a Dios en último lugar, en lugar del primero.

Cuando nos entregamos a Dios decimos que Jesús pasa a ser el Señor de nuestra vida. Ser Señor significa que a partir de entonces es Él quien manda en nosotros, y ya no mandamos nosotros en nuestra vida. Nosotros entonces tenemos un conflicto interior al tener que elegir constantemente entre lo que nosotros deseamos y lo que el Espíritu, que habita dentro de nosotros, desea, que es la voluntad de Dios.

Voy a poner un ejemplo sencillo. Cuando un hombre es ofendido por otro tiene la posibilidad de perdonarle o de vengarse. Lo que le pide el cuerpo es vengarse, lo que le pide el Espíritu Santo es perdonarle. Si muestra sabiduría y sabe reprimirse, entonces podrá hacer la voluntad de Dios que es perdonarle.

Todos en la vida tenemos constantemente situaciones como esta. Nos vemos obligados a tomar decisiones constantemente que marcan la diferencia entre nuestra voluntad y la voluntad de Dios ¿Cómo podremos tomar siempre la mejor decisión?

1.       TOMAR A DIOS EN SERIO
Siempre intento respetar las decisiones de la gente cuando prefiere dejar a un lado a Dios y actuar de forma que parece más práctica o más “útil” para un determinado momento. Se suele decir algo así como “es que no había más remedio”. Siempre hay que respetar la dignidad y las decisiones de otros, aunque tomen decisiones ruinosas para su vida. Una decisión basada en la Palabra de Dios puede incluso traer llanto al principio, pero la recompensa siempre va a ser infinitamente mejor a la larga, y en muchas ocasiones también “a la corta”. El beneficio espiritual merece mucho más la pena que el éxito rápido.

Un buen ejemplo puede ser a la hora de hablar. A veces cuesta mucho decir una verdad que nos perjudica. Dicen que una mentira “a tiempo” te puede sacar de un aprieto. Una verdad a medias puede “librarte” de un mal trago, pero al final lo pagarás mucho más caro, entre otras cosas porque “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”.

Sirva como ejemplo para comprobar que la importancia de tomarse en serio a Dios es realmente fundamental para la vida del cristiano. Un cristiano comprometido con la Palabra de Dios, con Jesús, siempre va a tener mejores resultados a la larga que el que busca el alivio rápido. Nunca hay que perder el empuje del compromiso con el Señor para guiar nuestra vida y todas nuestras decisiones.

2.      VIVIR EN PLENITUD
Vivir a Dios en plenitud es realmente una vida diferente. El cristianismo “light” o cristianismo a medias se pierde las promesas de Dios. Vivir en el Espíritu es una experiencia refrescante y renovadora que te mantiene fuerte hasta en la vejez. Vivir en el Espíritu da valor y sabiduría en esta vida para tratar con todo el mundo. Vivir en Plenitud con Dios es experimentar las promesas y bendiciones de Dios diariamente y… si quieres tener una experiencia realmente motivadora y refrescante prepárate para una vida plagada de bendiciones de parte del Señor que se van a hacer realidad por medio de la fe en el Señor Jesús. Una vida guiada por Espíritu siempre va a tener muchas más recompensas y bendiciones que el que no se quiere comprometer con nada. El mejor consejo que puedo dar es que te rindas a la voluntad de Dios para tu vida y experimentes sus bendiciones en Plenitud para que tengas una vida realmente agradecida y cargada de buenas experiencias por las que darás gracias a Dios eternamente.

3.      PERMANECER EN DIOS



La vida en Plenitud con Dios requiere permanecer en Él a lo largo del tiempo. Juan 15:7-10 dice: “7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. 9Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.” La palabra clave en este texto es permanecer. No puedes entrar y salir de la presencia de Dios como el que entra a una tienda compra el pan y después se marcha hasta que se le acabe el pan. Lo que quiere más bien Dios es que vivas en la panadería y que tú mismo hagas el pan del que puedes comer e incluso puedas dar a los demás. Sigamos con la metáfora del pan y digamos que Dios busca “panaderos” que coman del “pan de vida” y repartan también a otros. La clave es permanecer.

11/7/12

LA PAZ DEL QUE COMPARTE


¿Qué es triunfar? Un buen acuerdo puede ser un gran triunfo, que encima va acompañado de una paz duradera. Es mejor un buen acuerdo a un gran logro que despierte las envidias de otros muchos. Créeme, he pasado por ello. Es más útil perder una batalla y ganar un amigo, que arrasar y quedarte solo. El que obtiene una paz duradera es el verdadero triunfador porque consigue que ganen todos y se unan las fuerzas para un objetivo común. Esto conlleva sacrificios, pero siempre da buenos resultados. En última estancia se puede interpretar como un favor que haces a alguien, y el tiempo hará que te sea devuelto, muchas veces sin pedirlo. Dice Lucas 16:9: “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”. Es un claro llamado a compartir lo que tenemos, a sobrellevad las cargas de otros, a ayudar al que está en situación de emergencia. “Fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos” (3 Juan 5). Tu corazón se llena y la paz te embarga cuando has hecho algo de esto.

Recuerda que, en el Reino de Dios, perder es ganar y ganar es perder. Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Dice Marcos 8:35: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”. Así que no te canses de sembrar buenas semillas de bondad y paz, que Dios te las devolverá mucho más de lo que tenías en este mundo y en el venidero. La Biblia es bien clara: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

Dios llena el corazón del que hace favores sin esperar nada a cambio. Dice Proverbios 19:17 que dar a un pobre es prestar a Dios. Será Él quien te lo devuelva con muchos intereses, no  sólo en bienes sino en paz, en reconciliación, en sabiduría y confianza. No se trata de hacer estas cosas para obtener nada a cambio, sino por la necesidad del otro. De eso se trata. Bienaventurado el hombre que hace las cosas por ayudar a los demás. En su momento, Dios se acordará de él.