11/7/12

LA PAZ DEL QUE COMPARTE


¿Qué es triunfar? Un buen acuerdo puede ser un gran triunfo, que encima va acompañado de una paz duradera. Es mejor un buen acuerdo a un gran logro que despierte las envidias de otros muchos. Créeme, he pasado por ello. Es más útil perder una batalla y ganar un amigo, que arrasar y quedarte solo. El que obtiene una paz duradera es el verdadero triunfador porque consigue que ganen todos y se unan las fuerzas para un objetivo común. Esto conlleva sacrificios, pero siempre da buenos resultados. En última estancia se puede interpretar como un favor que haces a alguien, y el tiempo hará que te sea devuelto, muchas veces sin pedirlo. Dice Lucas 16:9: “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”. Es un claro llamado a compartir lo que tenemos, a sobrellevad las cargas de otros, a ayudar al que está en situación de emergencia. “Fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos” (3 Juan 5). Tu corazón se llena y la paz te embarga cuando has hecho algo de esto.

Recuerda que, en el Reino de Dios, perder es ganar y ganar es perder. Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Dice Marcos 8:35: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”. Así que no te canses de sembrar buenas semillas de bondad y paz, que Dios te las devolverá mucho más de lo que tenías en este mundo y en el venidero. La Biblia es bien clara: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

Dios llena el corazón del que hace favores sin esperar nada a cambio. Dice Proverbios 19:17 que dar a un pobre es prestar a Dios. Será Él quien te lo devuelva con muchos intereses, no  sólo en bienes sino en paz, en reconciliación, en sabiduría y confianza. No se trata de hacer estas cosas para obtener nada a cambio, sino por la necesidad del otro. De eso se trata. Bienaventurado el hombre que hace las cosas por ayudar a los demás. En su momento, Dios se acordará de él.




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