15/8/13

LA ALEGRÍA DE LA CRUZ


Lucas 9:23-24
"Y decía a todos:—Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará."

Seguir a Jesús es una buena cosa. Mucha gente ve los beneficios para su vida y desea seguir a Jesús por su propio bien. Pero seguir a Jesús es seguir su Palabra, y Dios siempre quiere sacarnos de esa comodidad egoísta que tiende a pensar en sí mismo exclusivamente, y olvidar a un mundo necesitado para el que Dios nos ha llamado a rescatar en su nombre.
A esto hay que añadirle que cada uno tiene sus propias debilidades y circunstancias que hacen que el camino para llegar a Jesús sea aún más complicado de seguir. Esto implica que hay que llevar nuestros propios problemas a cuestas para que Jesús no nos deje atrás en el camino y le perdamos de vista. Esto es llevar nuestra cruz.
No importa cual sea tu cruz. Cada uno tenemos la nuestra, y puede que sea para toda la vida. Pablo tenía su propio aguijón en la carne y Dios prefirió no quitárselo.
Nuestra cruz hace que sigamos pendientes de Dios. Si no tuviéramos que llevar una cruz, como Jesús la llevó, nos descarriaríamos como ovejas perdidas. La cruz nos permite seguir el camino de Jesús. El camino de Jesús no se hace corriendo, se hace despacio, pero con nuestra cruz a cuestas. Esa cruz evita nuestra distracción con las cosas de este mundo. Pablo terminó gozándose de sus debilidades, de su aguijón. Ya sé que parece incongruente, pero la cruz que nos produce sufrimiento, nos da también la salvación, así que no es descabellado alegrarse de ella, es hasta lógico.
En tal caso, perder la vida en la cruz para poder hallar la verdadera vida deja de ser una incongruencia, sino el propio camino para llegar a Jesús. Así que puedes dar gracias a Jesús por la cruz, tu cruz, porque te permite seguir su camino. Amén.

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