12/11/13

EL NUEVO MANOLO



Manolo es un buen tipo que lleva 4 años en paro. Trabajaba en la construcción de sol a sol. En realidad no salía de trabajar tan tarde, pero terminaba en el bar tomándose una copas con los amigos. Llegaba calentito a casa y apenas veía a sus hijos y a su mujer. De vez en cuando iba a sitios que no debía con los amigos. Los sábados por la tarde se dedicaba junto con su familia a comprar cosas en el centro comercial, y no les faltaban a todos buenos móviles, smart-tv, electrodomésticos de todo tipo, ropa de marca, comer en restaurantes,... Su sueldo de 3.500 euros al mes les permitía esto y bastantes cosas más.

Pero el día fatídico e inolvidable llegó para Manolo. Su jefe le dijo a él y a sus compañeros que no le habían pagado lo que le debían y no tenía para pagarles el sueldo. Aguantó estoicamente ese mes. Al siguiente les dijo lo mismo y al tercero les dio 500 euros a cada uno, pero les dijo que seguramente ya no les iba a pagar más, lo cual significaba que con toda seguridad ya no verían ni un euro. Aceptaron los 500 euros como si fuera un finiquito. Se apuntaron al paro. Se emborrachó un par de veces a lo bestia, hasta desmayarse, no como solía hacer antes todos los fines de semana, controlando. Cayó en angustia, como todos sus compañeros. Pero empezó a cobrar el paro y esto le dio un poco de esperanza para encontrar trabajo en otro sitio. No ocurrió. Hoy sigue desempleado. Se le acabó la prestación y cobra los 400 euros indefinidos por tener hijos.

Ya que los recibe por ellos, decidió atenderles un poco más. Antes ni los veía. Ahora les lleva y les trae al colegio siempre. Habla y juega con ellos. Su mujer, Amparo, también desempleada, tiene más tiempo libre y se dedican tiempo el uno al otro entre semana. Comparten necesidades y eso une.

Finalmente fueron a recoger comida a una Iglesia Evangélica, aunque les da vergüenza. Conocieron a gente amable que les ayudó y les regaló una Biblia. Después de leerla un poco decidió ir un domingo al culto y escuchar. Dijo que le gustó, pero dentro de sí lo que quería era tener a Dios, sentirse confortado por Él y tener una nueva esperanza.

Hoy ha comprendido que Dios le llevó a esa situación de angustia para conocerle. Y está agradecido. Se dedica a ayudar a los demás como puede. Sigue buscando trabajo, pero no quiere volver a la antigua vida de desenfreno en todos los sentidos. Ahora conoce a Jesús.

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