30/12/14

ESPIRITU QUEBRANTADO

"Ella ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien se le perdona poco, poco ama." Lucas 7:46-47
Leí una cita del misionero David Brainer que decía "para mantener un espíritu de oración es necesario un espíritu quebrantado". Es más que cierto. Para mantener una vida cristiana centrada en Dios y no en nosotros mismos, es más que necesario un espíritu quebrantado. Es imprescindible. En un mundo como el nuestro, lo más fácil es centrarse en uno mismo, en nuestro propio yo, y todo lo demás, incluido Dios, se deja en un segundo o tercer plano. Esto no puede ser. Una actitud humilde es imprescindible. La diversión, la diversidad, el ocio, el entretenimiento, el trabajo, y cualquier otra cosa se pueden convertir fácilmente en dioses, que ocupan el primer lugar en nuestra vida. ¿Quiere decir esto que no hay que divertirse, entretenerse, variar nuestra actividad, trabajar, etc.? Por supuesto que no. Todo cabe siempre y cuando Dios sea el centro de nuestra vida.
Una mujer ungió con perfume los pies de Jesús, una gran muestra de amor. Sin embargo, Simón el fariseo no mostró nada de amor por Jesús. Es cierto que la mujer tenía muchos más pecados que Simón el fariseo, pero había sobre todo una diferencia fundamental entre ellos. La conciencia de pecado o el espíritu quebrantado. El de la mujer era grande, el de Simón era nulo porque estaba invadido por el orgullo. Ese es el principal enemigo del espíritu quebrantado, el orgullo. Si algo bueno tenemos o hacemos es por la misericordia y amor de Dios. Él nos amó primero. Que nos vaya bien en la vida en algún sentido no es para estar orgullosos de nosotros mismos, sino agradecidos a Dios, y así podremos mantener el espíritu quebrantado. La falta de agradecimiento produce orgullo e infelicidad. 
La conciencia de haber pecado es una señal en nuestras vidas de la acción del Espíritu Santo, que es el que convence de pecado (Juan 16:9). De eso carecía Simón el fariseo.
Un espíritu quebrantado nos abre a la acción del Espíritu Santo para cumplir fielmente con la voluntad de Dios. Nos mantiene firmes para orar, para servir, para confraternizar, para alabar, para todo lo realmente necesario e imprescindible en la vida cristiana. Dios es bueno, alabémosle manteniendo siempre un espíritu quebrantado.

Un abrazo.

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