26/5/15

LA INDIFERENCIA

Puede que la indiferencia sea el peor castigo. Empiezo a escribir esto a raíz de ver un reportaje sobre la organización terrorista ETA que veo en la televisión, y veo cómo en los primeros años de actividad de la banda, las víctimas de ETA eran tratadas con indiferencia y silencio. Las víctimas eran olvidadas y abandonadas. Era como una segunda muerte. Su tristeza y miedo las hacía aceptar su situación, si es que quedaban vivos. Fueron ignoradas por todos. 

En los países del tercer mundo hay carencias de muchos tipos, como hambre, enfermedades y falta de recursos, y la respuesta del primer mundo es la indiferencia. Es el peor castigo, porque implica una actitud de no existencia a la raza humana, quedando relegadas tales personas a la inexistencia social, familiar y laboral, que es lo contrario a la primera esencia del ser, que es la existencia. Esto se hace también con las muchas personas pobres que viven en el primer mundo, se les trata con indiferencia, como si no existieran. También recuerdo, por último, la actitud del sacerdote y el levita frente al buen samaritano que fue movido a misericordia y cuidó del hombre que estaba medio muerto. Este suceso o parábola lo cuenta Jesús en relación a obtener la vida eterna, dando cuenta de la importancia de este asunto (Lucas 10:25-37).

Cada vez que tratamos a alguien con indiferencia, le estamos negando el derecho de la existencia en nuestro entorno. ¿Quiénes somos nosotros para negarle la existencia a alguien, aunque sea de forma virtual? Cuando somos indiferentes ante el que está a nuestro lado, deja de existir para nosotros, le estamos causando la muerte virtual con respecto a nosotros. Ignorar a alguien es la nueva forma de matar, de acabar con alguien. Antes se mataba con facilidad, ahora se ignora a alguien con la misma facilidad. Es el nuevo asesinato social. La indiferencia y el castigo puede ser mayor que la propia muerte física, porque se aboca a la víctima a sufrir soledad, abandono, escasez y, lo más importante, el amor de sus semejantes, que es lo que nos debemos unos a otros. Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismo, y antes a Dios, sobre todas las cosas. 

Un abrazo.



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