1/1/17

¿POR QUÉ PLANTAMOS NUEVAS IGLESIAS?














"Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. Y nadie que haya bebido del añejo querrá luego el nuevo, porque dice: “El añejo es mejor".” Lucas 5:37-39

He visto a muchos pastores en España, especialmente compañeros recién salidos del Seminario, sufrir porque sus iglesias no les hacían caso, o estaban en contra de su forma de pastorear la iglesia. Muchos han dejado el ministerio pastoral por esta razón. Yo mismo he sufrido también en mis carnes esta experiencia amarga de soportar a ciertos diáconos o miembros influyentes que ostentaban el "mando en plaza" en una iglesia local comportándose como políticos corruptos que sonreían y saludaban durante el culto dominical para ganar prosélitos, y en las reuniones de diáconos maldecían y criticaban a todos los que antes habían sonreído.  

Esto ocurre por intentar regar un árbol que ya está seco y muerto. Un pastor debe ser valiente y capaz para formar su propia congregación desde cero, partiendo de él mismo y su propia familia. Aunque los primeros diez o quince años pudieran ser duros o no, después de superar adversidades de todo tipo, podrá disfrutar de una congregación "a su imagen y semejanza", en la que podrá desarrollar su ministerio ampliamente. Pero reconozco que hace falta el valor y la capacidad para superar toda clase de obstáculos que con seguridad van a llegar, aunque ninguno tan amargos como tratar con fariseos hipócritas que falsean el evangelio.

Yo lo he hecho dos veces por ahora, en Benissa y en Alzira, y la alegría que supone ver a nuevas almas nacer de nuevo en el entorno de una iglesia tierna y amorosa no tiene comparación a ninguna otra cosa, y uno siente que se ha cumplido la razón por la que estamos en este mundo. Todos los sufrimientos, penalidades, disgustos y escaseces merecen la pena con tal de ver a una sola nueva persona entregada al Señor. 

Por eso plantamos iglesias, por eso trabajamos en las fiestas y gastamos en cosas que disfrutan otros. Por eso predicamos el evangelio y renunciamos a todo lo que nos separe de Dios. Para eso hemos sido llamados y por eso moriremos. Y no hay nadie en mundo que nos pueda quitar ese gozo. 
Un abrazo.

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